Esta mañana me he despertado acompañado por primera vez en mucho tiempo. No he sentido nada. Sólo que estaba traicionando tu recuerdo.
Fue sólo una conversación, como la que teníamos antes de que todo se fuese a la mierda. Y por un instante me hizo sentir que volvías a ser mío.
Un sólo clic tuyo basta para alegrarme el día. Y esta vez has empezado tú.
Y lo peor de todo es que tú no me echas de menos.
Esta semana me había propuesto ignorarte, dejar que fueses tú quien me buscase a mí. No he durado ni medio día. Fucking social network.
Lunes. La semiinconsciencia del sueño deja paso al primer pensamiento de la mañana: tú. Nuestro rencuentro del fin de semana ha sido incluso más devastador de lo esperado.
¿Cómo es posible que ellos sigan buscando consejo en mí? Yo nunca me fiaría de alguien que ya no tiene corazón.
No sé que hubiese pasado si ella no llega a sostener mi mano. Es curioso como a veces un gesto tan sencillo y pequeño te salva la vida. Especialmente por la noche.
- ¿Cómo se deja de querer a alguien? - le pregunté -. Lo intento, pero simplemente no puedo.
- Entonces no dejes de quererle - me contestó ella.
Anoche te volví a ver. Semanas de esfuerzo intentando pasar página tiradas a la basura. Volvemos al punto de partida.